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RICCIARDI:

PASIÓN DE MULTITUDES

 

 

CAPITULO I

 

- General, las fuerzas de ocupación están acá.

- Hágalas pasar y espere afuera.-

Entraron dos uniformes pomposamente coloreados con los tonos característicos que marcó el Estado Mayor Conjunto para ésta temporada; el General, extrávico, sólo alcanzó a preguntar:

- ¿Organiza o seda natural?.

- Seda natural, por supuesto.- Respondieron los otros al unísono.

- Era lo que me temía... - Dijo derrotado.- Caballeros, me rindo, el poder de la República es suyo.

- Gracias.- Dijeron los dos a coro. El más alto golpeó las palmas en un ademán faraónico y entro otra persona, un civil, para más datos.

- Señor Ricciardi... - Dijo el más alto.

- Sí señor Coronel, ordene.

- Le presento al General Álvarez Castro, desde este momento ex-mandatario de la República.

- Mucho gusto señor General.

- Así que usted es el famoso Ricciardi.- Comentó el General.

- Agradezco su elogio, pero no creo que sea tan así como usted dice.- El Coronel se acercó lentamente a Ricciardi, le puso paternalmente una mano en el hombro, y comentó satisfecho: - El mejor periodista deportivo, y está de nuestro lado, de mi lado, del lado de la Patria libre, de la Patria grande que usted, General Álvarez castro, dejó de lado.- El otro militar y Ricciardi comenzaron a aplaudir estruendosamente, un gesto como de panza llena corazón contento afloró por la comisura labial derecha del Coronel Ricardo Siforme. Cesaron los aplausos, y el otro militar, el Cavo Jaime Leguizamón Rosti, entró en escena sacando un papel tamaño oficio del que leyó una breve proclama.

- Desde Buenos Aires, a los 5 días del mes de agosto, nosotros, los representantes de la Patria libre y nacional, impelidos por el descontento popular y la corrupción reinante, nos hacemos cargo de la situación, rogándole tenga a bien General Álvarez Castro, presentar su renuncia indeclinable y redactar, acto seguido, su testamento, en el cual tenemos que figurar como sus únicos herederos universales. Luego será pasado por las armas para el bien de la Patria. Sin más ni más, nos despedimos de Usted atentamente. Firman al pié... Coronel Ricardo Siforme: Presidente. Cavo Jaime L. Rosti: Vocal Suplente.-

El General Comenzó a llorar en silencio y se dirigió a su escritorio. Ricciardi aplaudía eufórico, como para darle más validez al acto, también trataba de imitar un torpe ruido de multitud con la boca.

- Eeeeeeeeeeeeoooooooooooooouuuuuuuuuhhhhh.-

 

*                                  *                                  *

 

CAPITULO II

- Como verá, General, estamos rodeados de la mejor gente. El año que viene lo mandamos a Ricciardi a hacer un curso, becado, becado, mire que importante, a la BBC de Londres. Esto no es joda.

- Sí, me doy cuenta, mi primer error fue no haber pensado en una persona tan popular como Ricciardi.

- Dese cuenta, el relator de los mundiales, todos los Boca-River en sus labios, miles de fanáticos soñando con su voz.

- No siga Coronel, no siga que me emociono hasta las lágrimas.- El General suspiró profundamente y continuó.- Un grave error, sí, es verdad... - Y se quedó en silencio.

- Cavo.

- Ordene señor Coronel.

- Acérquele los papeles que tenemos preparados al General.- El Cavo Rosti sacó de entre sus ropas de fajina un bollo de papeles que enderezó como pudo a dos manos. Los puso sobre el escritorio frente al General y dijo sacando una birome que llevaba dentro del casquete:

- General, por favor, firme encima de la línea de puntos cada hoja por cuadruplicado.

- ¡Yo no firmo nada, antes la muerte que es más digna!.

- Le pido por favor, la gente de la prensa espera afuera, dijimos que en diez minutos teníamos todo arreglado, si tardamos más no creo que esperen y necesitamos la mayor publicidad para poder desarrollar una mejor acción de gobierno; sentimos la imperiosa urgencia de cumplimentar los destinos de la patria y Usted no va a ser un obstáculo, además lo hemos derrocado y lo tenemos a Ricciardi de testigo.

- Sí.- Dijo Ricciardi.- Yo lo escuché cuando dijo que se rendía, señor General, me extraña su conducta, somos gente de honor, caramba.-

Las palabras del periodista sonaron convincentes como por la radio, manejaba muy bien el estilo intimista, los climas, esa especie de realismo mágico.

- Tiene razón.- Comentó el General, abatido.- Usted, Ricciardi, es un sabio.

- Se da cuenta General cual es el fin de todo esto.- Habló el Coronel.

- No.

- Le comento, ahora asumimos nosotros, y dentro de seis meses o un año, damos elecciones y...

- ¡No!, me parece increíble.

- Sí, créalo, Ricciardi Presidente de todos los Argentinos, de todos, de los militares también, una verdadera revolución popular sin límite.- Todos sonreían, la felicidad se palpaba en el ambiente y era una cosa especial que no se veía todos los días, el surgimiento de una etapa verdaderamente popular.

- Paz, pan y al carajo... con los zurdos.- Dijo casi gritando Ricciardi mientras su primer botella de champagne perdía la cabeza por un ideal.

Todos reían y llamaron a los periodistas para comunicarles el estado de las cosas.